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Paz en la tormenta

Son las 7:30 de la mañana y me estoy despertando. Como cada día, lo primero que hice, fue revisar mi celular para leer mis mails, entrar a Facebook y ver si tenía algún mensaje de Luke, que la mayoría del tiempo, ya está despierto y trabajando cuando yo recién empiezo a abrir los ojos. Me gusta leer sus mensajes a esa hora temprano, me hacen sonreír. Pero esa mañana fue distinto, no sólo me había llegado el mensaje de Luke, sino que también me había llegado otro mensaje enviado a las 03:56 AM. Era de un amigo chileno que también vive en Belfast. No eran buenas noticias. Decía que, allá en Chile, al otro extremo del mundo, su papá estaba muy delicado de salud. Fue fuerte leer esas noticias, me puse a orar.

 

Pensé en mi familia y en lo complicado que, a veces, es estar lejos, especialmente, en circunstancias como esas. Es una mezcla de impotencia y el deseo fantasioso de tener la capacidad de tele transportarse para estar allá y acá al mismo tiempo.

 

Qué va a pasar si a mi papá le pasa algo? O si mi mamá o mi hermana tienen un accidente? Todas estas ideas pasaron por mi mente. Pensar que si cualquier cosa pasa, yo no estaría ahí, fue difícil. Creo que es el temor más grande cuando uno decide estar lejos: no estar con tus seres queridos si pasa algo grave. Pero después de estos primeros pensamientos de temor, recordé lo que Cristo hizo en la cruz por todos nosotros, cómo, siendo pecadores, Él murió por nosotros para salvarnos y darnos vida eterna. Ese era el motivo de por qué yo estaba actualmente viviendo tan lejos de mi familia y amigos. Había decidido venir a servir a un Dios que nos ama incondicionalmente y que es totalmente fiel y misericordioso. Ya no tenía que preocuparme. Pasara lo que pasara, Dios tendría el control y sólo en Él debía confiar.

 

Yo no sé si durante este tiempo, algo le va a pasar a mi familia. Oro cada día para que Dios los proteja y los bendiga y los mantenga sanos y salvos. Pero sí sé que puedo confiar en que Dios nos ama y nos cuida y sólo quiere lo mejor para nosotros. Así que, no hay nadie mejor a quien entregarle nuestras cargas y temores que a Cristo, el único que nos ama tanto que dio su vida por nosotros. Al final, creo que debemos aprender a depender de Dios y no de nuestras propias fuerzas, porque cuando la tormenta viene no hay nada que podamos hacer. Sólo Dios puede salvarnos. Pero eso, es algo que muchas veces aprendemos en medio de la tormenta.

 

Como dice una canción que me gusta:

“Puedes tener paz en la tormenta

Fe y esperanza cuando no puedas seguir

Aún con tu mundo hecho pedazos

El señor guiará tus pasos en paz

En medio de la tormenta..”

 

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