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Mucha canela

Nos fuimos de paseo a la costa norte, los estudiantes y el staff. Todo un fin de semana a un pueblito pintoresco, al lado del mar, llamado Ballintoy. Me dijeron que también es conocido como “Isla de las ovejas”. Varias teorías se discutieron en relación a por que era llamado así, me gustó la que decía que era porque se solía llevar a las ovejas a una isla para que no se las robaran. Me imaginé a esas pobres ovejas llevadas en botes a un lugar sin escapatoria…no me hubiese gustado ser oveja en ese tiempo!

Fue un fin de semana entretenido y de desafío para nuestras vidas como cristianos. Me hicieron capitana de un grupo para jugar los clásicos “Messy games”. Nunca había jugado nada parecido antes de venir a vivir a este país. Definitivamente, a los jóvenes de acá les gusta quedar “all messy” (desordenados y pegajosos). Confieso que esperaba no tener que participar directamente en alguno de los juegos, porque sabia lo que se podía venir y no se veía muy alentador…comerse un tarro de “custard”; tomarse un vaso de pepsi y una vitamina C y esperar que empiece la efervescencia sin poder botar el contenido de la boca; llenarse la cara de espuma de afeitar y esperar que el compañero tire suflitos a la cara con la idea de que se peguen; comerse una cucharada entera de canela en polvo sin poder tomar agua….Me tocó mi turno. Estaba un poco nerviosa, pero ya no había vuelta atrás, tenía que jugármela por mi equipo. Mi juego consistía en tragarse una cucharada de canela en polvo sin agua. Me dije a mi misma “tal vez no sea tan terrible, sólo debo concentrarme en tragar”, pero empecé a escuchar comentarios que decían “esta sí que es una prueba difícil”. No era lo que quería escuchar en ese momento. Siempre me ha gustado la canela, así que seguí optimista, por lo menos no iba  a tener tan mal sabor. 3,2,1…a tragar la cucharada de canela! Mi boca se secó en 2 segundos. Sentía la canela en cada parte de ella, especialmente en el paladar, donde la sentía realmente espesa. No podía tragar. En ese momento pensé que era tan cierto  lo que se dice respecto a que las cosas en extremo no son buenas. Un rollito de canela es rico y apetitoso, pero una cucharada llena de canela es absolutamente lo contrario. Mi acto de valentía tuvo desastrosas consecuencias. La canela me cayó muy mal al estómago y terminé por enfermarme. No dormí muy bien esa noche y no pude probar la canela por un buen tiempo.

Todo este asunto de la canela me hizo pensar en nosotros como cristianos. A veces queremos tragar todo de una vez. Nos llenamos de tantas actividades en la Iglesia que, en vez de enfocarnos para quién lo estamos haciendo, nos enfocamos en el hacer y hacer más. “Tenemos que hacer esto, tenemos que hacer esto otro”. Pero ¿por qué lo estamos haciendo? Nos ponemos activistas, porque pensamos que tenemos que comprometernos con cada actividad que nuestra Iglesia ofrece. Si no, no estamos sirviendo a Dios como debemos. El peligro está en creer que por hacer más, estamos haciéndolo mejor, estamos siendo mejores cristianos. Pero nos olvidamos de lo importante. Nos olvidamos  que debemos servir para glorificar a Dios y no porque tenemos que cumplir, no porque somos los responsables, no porque es lo que se espera de nosotros, no porque queremos sentirnos importantes, si no para ser usados por Dios y para glorificarlo.

Nuevamente vuelvo al mismo punto. Dios nos puede y nos quiere usar en nuestro día a día. Por lo tanto, no es imprescindible trabajar y servir en una Iglesia para servir a Dios. Lo podemos hacer en nuestra vida diaria. Servir en nuestras Iglesias es algo positivo y loable, pero debemos tener siempre claro que “más actividad no es equivalente a mejor cristiano”. Servir de corazón a Dios, sea en una o diversas actividades para glorificar Su nombre, nos hace crecer como cristianos. No debemos perder el norte de saber para quién estamos trabajando, sólo Dios y nadie más. Para Él y por Él sea toda la gloria! No nos traguemos la cucharada de canela de una, porque nos podemos atorar. Sirvamos al Señor con nuestras vidas y no olvidemos el principal motivo que nos llevó en un principio a participar en aquellas actividades de nuestra Iglesia: Cristo.

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