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En la línea de fuego

Muchas veces estamos tan ocupados con nuestros propios asuntos que olvidamos que podemos marcar una diferencia con cosas muy pequeñas.

 

El otro día, mientras compartíamos con un grupo de jóvenes sobre lo que es estar inmersos en el mundo como cristianos, Dios nos habló al mostrarnos que no es necesario estar trabajando en una Iglesia o participar en una actividad de Iglesia para ser usados por Dios. Para algunos, esto puede ser un poco difícil de entender, para otros, tal vez esto es obvio. El punto es que cada uno de nosotros, en nuestro día a día, podemos hacer una “pequeña gran diferencia”. Una sonrisa, un saludo, una oreja para escuchar, una palabra en los mismos lugares y con las mismas personas con los cuales compartimos día a día.

 

No es necesario ser un evangelista o ir de misiones al otro lado del mundo. Dios nos usa y nos seguirá usando, si lo dejamos, si abrimos nuestro corazón para servirle. No tenemos que hacer grandes cosas, podemos empezar con lo más simple. Empezar, por ejemplo, hablando con nuestro colega que nos tiene un poco fastidiados o con el compañero de clase en la Universidad que siempre vemos solo. Podemos empezar sonriéndole a la gente con los que nos cruzamos en la calle o conversar con la mujer que se sentó al lado de nuestro asiento en el bus. Si nos ponemos a pensar, las posibilidades son infinitas. Tenemos la oportunidad de mostrar el amor de Jesús a tanta gente en nuestro día a día, con sólo un pequeño esfuerzo.

 

Si tú estás pensando, en este momento, que eres sólo un número más en tu Iglesia y porque no tienes ningún talento aparente como el saber tocar un instrumento, liderar el grupo de niños de tu Iglesia o un grupo en casa, no tienes cómo aportar, entonces este es el momento para que abras tus ojos y te des cuenta de que Dios te puede y te quiere usar para que lleves Su amor a los que no lo conocen ahí mismo donde tú te desenvuelves cada día…en tu trabajo, con tu familia, con tus amigos, en la Universidad, en la calle, en cualquier parte…

Es importante recordar que cada uno de nosotros es distinto y por lo mismo en el cuerpo de Cristo cada uno cumplimos una función y somos todos igualmente importantes en la misión del Señor (21 El ojo no puede decirle a la mano: «No te necesito.» Ni puede la cabeza decirles a los pies: «No los necesito.» 1 Corintios 12:21) Así que, no te desanimes, empieza a pensar cuáles son tus “líneas de fuego”, en qué lugares y situaciones te vas a encontrar con no cristianos a los que les puedes mostrar el amor de Jesús y con un pequeño gesto hacer una GRAN diferencia en sus vidas. El tiempo de actuar es ahora!

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