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Como una oveja

Mi prima de Chile vino a visitarme hace unas semanas y me regaló un souvenir que compró aquí en Belfast, como agradecimiento por haberla alojado por unos días. Era un pequeña ovejita. Por si no sabían, las ovejas son parte del paisaje, acá, en Irlanda del Norte. En cada loma verde, hay alguna oveja. Me gusta ver los pequeños corderitos caminando junto a sus madres. Son tantas las ovejas, que es un souvenir más que se vende en las tiendas de souvenirs y regalos.

Hoy la estaba mirando y, en mi mente, lo primero que pensé fue que en la Biblia se nos compara con las ovejas en varios pasajes (Ej: Mateo 18:10-14; Lucas 15:4-7). En alguno de estos pasajes, se cuenta la parábola de la oveja perdida y cómo el que pierde una oveja entre cien, sale a buscar a esa oveja perdida hasta que la encuentra y hay gran fiesta. Se explica que las ovejas somos nosotros y la oveja perdida es el pecador que se ha arrepentido y ha vuelto al Señor. Pero, ¿por qué esta comparación? Es sabido que las ovejas siempre siguen a un líder y que viven en rebaños. Muchas veces, he escuchado la historia de la oveja que se cae en el abismo y todas las demás la siguen, y pienso, “parece que las ovejas no son muy inteligentes, ¿por qué no se dan cuenta del peligro y se detienen antes de caer?” Pero, si lo miramos desde otro punto de vista, me sorprende cómo las ovejas siguen ciegamente a la oveja líder o al pastor, en caso de que haya una persona que las vaya guiando, y dependen absolutamente de ese líder. Así debiésemos ser nosotros con Cristo. Él es el supremo pastor de ovejas, el que nos rescató y nos guía hacia la salvación. En Él debemos depositar nuestra confianza y a Él debemos seguir, aunque no veamos lo que viene después. Debemos ser como esas ovejas siguiendo al líder y creyendo absolutamente que el camino que Dios nos va a llevar va a ser el mejor, aunque no sepamos dónde vamos y estemos asustados.

En Hechos 8:32, se hace una referencia a Cristo como oveja que es llevada al matadero y que muere como un cordero sin decir palabra: “Como oveja, fue llevado al matadero; y como cordero que enmudece ante su trasquilador, ni siquiera abrió su boca”. Una vez más, se hace una comparación con una oveja, con un cordero, porque es un animal sumiso. Cristo cumplió con la voluntad del Padre sin hacer ningún reclamo, sabiendo que iba a hacer sacrificado, al igual que un cordero que es llevado al matadero. Es por esto, también, que en los tiempos del Antiguo Testamento, cuando Cristo aún no había venido, se hacían sacrificios a Dios con corderos. Todo esto, me lleva a pensar que debemos ser sumisos a la voluntad de Dios. Esto es, que debemos tener un corazón dispuesto a servirle no importa donde estemos ni lo que estemos haciendo y cumplir con lo que Dios nos ha dejado en su Palabra. Debemos ser como esas ovejas dispuestas a seguir a nuestro Pastor, que es Cristo, donde quiere que nos lleve; sabiendo que si nos perdemos, no nos dejará de buscar, y sabiendo que siempre nos llevará al mejor lugar, aunque durante el camino, dudemos o tengamos miedo por no saber que nos deparará el futuro. Sin embargo, podemos tener la certeza que, sea lo que sea, nuestro Pastor nos cuidará, nos amará incondicionalmente y nos llevará al mejor lugar donde podemos estar, al lugar de Su presencia.

¡Les deseo una muy Feliz Navidad a todos y que sean muy bendecidos este nuevo año!

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